"No hay manera de escapar a la filosofía […] Quien rechaza la filosofía profesa también una filosofía pero sin ser consciente de ella." Karl Jaspers, filósofo y psiquiatra. "There is no escape from philosophy. Anyone who rejects philosophy is himself unconsciously practising a philosophy." [Karl Jaspers, Way to Wisdom 12 (New Haven: Yale University Press, 1951)]

Líneas principales del pensamiento de Wittgenstein

















L. Wittgenstein (1889-1951), austríaco de ascendencia judía, es un pensador peculiar, de una originalidad excepcional y difícil de clasificar.  No obstante, para comprender su pensamiento hay que partir de su cuádruple raíz: 


a) El ambiente austríaco sobre el que luego influiría él mismo gracias al Círculo de Viena; 


b) Los estudios de Lógica, tanto de "sintaxis" (disyunción, conjunción, negación y operaciones asociadas) como de "semántica" (estudio de los valores de verdad y del sistema binario) de Boole y de Frege.


b) La Filosofía de las Matemáticas de Bertrand Russell que pretendía fundamentar las mismas en la Lógica, a diferencia de Kant para quien sin las intuiciones sensibles de espacio y tiempo no  podía haber geometría ni aritmética;


c) El kantismo que le llegó a través de la lectura de Schopenhauer.

La primera etapa de Wittgenstein está marcada por estas influencias.  En cualquier caso, su primera obra, el Tractatus logico-philosophicus, ejerció un influjo tremendo en sus propios maestros y en la Filosofía occidental del siglo XX.  Wittgenstein trata allí de fundamentar la Matemática -la cual estaba en una crisis de fundamentos muy importante- en la Lógica formal, poniendo los cimientos en la Semántica de la Lógica formal ya ensayada por Boole y por Frege, desarrollando las célebres tablas de verdad.  Sin embargo en esa búsqueda de cimientos para la Matemática -a diferencia de Kant, para él las Matemáticas no tienen su base en intuiciones sensibles (Espacio y Tiempo) "a priori"- Wittgenstein va mucho más allá, topándose con las cuestiones del Yo, de Dios, de la Ética y la Estética.  Si Aristóteles había centrado la filosofía en el ser y Kant dio un giro copernicano a la Filosofía poniendo al conocer en el centro, la filosofía de Wittgenstein da una vuelta en espiral en este mismo giro, centrándose en el decir hasta el punto de identificar los límites del lenguaje con los límites mismos del mundo tal y como podemos conocerlo.  Esta posición, aunque establece unos límites para el conocimiento muy marcados, mucho más estrictos que los kantianos, permitiría acabar con los problemas residuales que la Filosofía aún mostraba y que no habían quedado liquidados por la solución de Kant a los mismos, sino que habían "resucitado" posteriormente con el Idealismo hegeliano y sus secuelas.  Niegan valor de verdad o falsedad a cualquier proposición de corte dialéctico, considerando que sólo la ciencia puede representar el mundo tal y como es, siendo las proposiciones filosóficas -incluso aquellas que dicen esto mismo que ahora se afirma- carentes de auténtico significado.

Veamos.  La condición de posibilidad de que el lenguaje sea significativo es que la forma lógica de cualquier proposición sea idéntica a la forma del hecho que dicho enunciado afirma.  Pero las proposiciones están compuestas de elementos y, por ende, debería haber una correspondencia también entre esos elementos y los hechos simples a los que referirían.  Por lo tanto las estructuras lingüisticas estudiadas por la gramática y la sintaxis al uso son aparentes y no reflejan la estructura real que tienen en común los estados de cosas con las proposiciones que los expresan.  Wittgenstein compara la expresión lingüistica a la proyección en geometría pues del mismo modo que una figura puede ser proyectada de varias maneras las propiedades que permiten cualquier proyección son las mismas en cada una de ellas.  Tales propiedades son la condición de posibilidad de la expresión pero ellas mismas no son expresables puesto que habría que situarse por encima del lenguaje y de los hechos para expresarlas y eso, por definición, es imposible.  Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo de modo que expresar donde radica la semejanza sería superar esos mismos límites, situarme fuera de mi mundo, lo cual es absurdo.  La estructura común de una proposición y del hecho al que refiere no puede ponerse en palabras. 

Wittgenstein defiende, pues, que todo aquello que es propiamente filosófico pertenece a lo que sólo se puede mostrar.  El resultado de la filosofía no son "proposiciones filosóficas" sino aclarar dichas proposiciones hasta que podamos ver que muchos de los problemas filosóficos no son más que el resultado de querer decir lo que solo puede ser mostrado.   De ahí que el verdadero método para enseñar filosofía debiera ser enseñar a filosofar, al estilo de Sócrates, proponiendo lo que la ciencia del momento dice de la realidad y dejando al alumno extraer afirmaciones que luego podrán ser desmontadas o mostradas como sinsentidos. 

 Investigar los elementos es cosa de las ciencias particulares, especialmente de la Física, conforme a un riguroso método hipotético-deductivo.  Las ciencias dicen algo de la realidad mientras que la Filosofía sólo puede mostrar -mediante la comprobación semántica vía tablas de verdad- que las proposiciones no encierran contradicciones o que las secuencias de proposiciones deductivamente enlazadas no están "trucadas" lógicamente (es decir, que no contienen falacias del tipo "A implica B", "B", "Luego A", por ejemplo).  La diferencia que Kant estableció entre conocer y pensar se renueva en Wittgenstein como la diferencia entre decir y mostrar.  


Cómo son las leyes de la naturaleza concretas (la Física, entre otras ciencias, nos habla de tales leyes) es algo que puede decirse; que toda la naturaleza se rige por leyes naturales solo podría, a lo sumo, mostrarse.  El científico que aventura una explicación de esto último hace, sin quererlo, metafísica y cae en un sinsentido.






Por supuesto, la Ética, la Estética y la Mística son indecibles en proposiciones con sentido (no cabría hablar, como hizo Kant, de la voluntad sin caer en sinsentidos y contradicciones y traicionando los propios límites de la razón y, según Wittgenstein, del lenguaje).   Cabe, eso sí, mostrar que es cierto lo que Kant dice de que el valor de la acción reside en ella misma.  Pero no cabe, y en esto tendría razón Hume, argumentar filosóficamente por qué un hecho es más valioso que otro hecho.  Los hechos son, sin más.  El valor ético, estético o religioso de existir no es de los hechos y solo puede captarse de forma no proposicional. Pero hay qu insistir en que para Wittgenstein sí se puede mostrar lo que es una vida ética, se puede hacer belleza y se puede dar la unión o el arrebato con lo divino.  Pero ninguna de esas experiencias, al no ser un estado de cosas, puede representarse con palabras en proposiciones que pudieran verificarse.  Lo mismo ocurre con la Psicología: el sujeto es tan solo un punto de vista desde el que la proposición puede o no verificarse pero el mismo sujeto no es una relación de objetos que constituya un estado de cosas que pueda representarse con sentido mediante el lenguaje.  Esto lleva a la paradójica conclusión de que el mismo Tractatus es un intento de hacernos ver la diferencia entre lo decible y lo que solo puede mostrarse diciendo algo sobre esto último lo cual lo convierte en una escalera que al conducirnos a nuestro objetivo ha de tirarse.  De este modo encontramos una semejanza -a pesar del rechazo de Wittgenstein a toda especulación metafísica- con la Dialéctica que Platón retrataba en el "Libro VII" de La República: al final del camino, quien contemple la relación del Bien con las demás ideas no será capaz de expresarla sino sólo de invitar a los demás a recorrer la misma senda intelectual por sí mismos.

Tras estas conclusiones demoledoras, Wittgenstein guardó un silencio temporal con respecto a la filosofía, siendo coherente con lo último que el Tractatus expresa: "De lo que no se puede hablar hay que callar". 

Con posterioridad a este tiempo de silencio Wittgenstein comenzó a trabajar en las otras funciones del lenguaje, es decir, a estudiar cómo conseguimos hacer cosas con palabras puesto que estas no solo se limitan a referirse a los hechos.  Para ello adoptó su método de trabajo al objeto de su estudio y convirtió sus clases y conversaciones con otros filósofos en diálogos socráticos.  Una de las propuestas más interesantes con respecto a la teoría del conocimiento es la forma en la que entiende los conceptos (lo que Kant llama "concepto empírico" y que Santo Tomás considera resultado de la abstracción), ciertamente similar a la de Nietzsche, siendo un autor de raíces filosóficas muy distintas: el concepto es una palabra usada que, por ello, se transforma o cristaliza en prescripción sobre su propio uso y que se basa en la semejanza y el parecido entre los distintos usos efectivos de una misma palabra.  De modo que, a diferencia del Tractatus (el cual buscaba la clave del conocimiento que nos proporciona el lenguaje en su función representativa, al estilo kantiano, en la forma que tiene en común cualquier proposición con cualquier hecho) el Wittgenstein de las Investigaciones filosóficas hace hincapié en la praxis lingüística y en el poder que las palabras nos otorgan en la vida ordinaria.  


Si Aristóteles acabó afirmando que el ser se dice de muchas maneras y Kant que el conocer se da a través de múltiples categorías del entendimiento, Wittgenstein afirma ahora que podemos decir de muchas maneras y no solo representando la realidad.  La filosofía seguirá teniendo la misma función, será como mostrar a una mosca la salida de una botella transparente que la aprisiona.  Solo será posible:

a) Aceptando que pueden valer cualesquiera métodos filosóficos con tal de que eviten el dogmatismo;
b) Considerando que no hay problemas filosóficos sino malos usos lingüísticos;
c) Y diferenciando los distintos juegos del lenguaje en el que las mismas palabras participan confundiendo su sentido y dando lugar a los malos entendidos que suelen entenderse como problemas filosóficos y no lo son.